Agente de WhatsApp
Contesta precios, tiempos, zonas de entrega y disponibilidad con tu información. Califica, agenda, y cuando algo se sale de su terreno te lo pasa diciendo qué le preguntaron.
Agentes de WhatsApp, cotizadores en línea y flujos que hacen lo que hoy haces tú a mano. Conectados a las herramientas que ya usas.
En casi todos los negocios chicos hay una persona por la que pasa todo: la que sabe los precios, la que arma la cotización, la que contesta si hay existencia. Mientras esa persona está en una junta, el negocio no responde.
No es un problema de esfuerzo. Es que veinte conversaciones al día por diez minutos cada una son tres horas contestando lo mismo, y esas tres horas salen del trabajo que sí necesita tu criterio.
Automatizar no es quitar gente. Es dejar de ser el puente entre WhatsApp y tu lista de precios.
Contesta precios, tiempos, zonas de entrega y disponibilidad con tu información. Califica, agenda, y cuando algo se sale de su terreno te lo pasa diciendo qué le preguntaron.
Tu cliente arma lo que necesita y ve su precio en pantalla. Dejas de perder ventas por tardarte, y el que te escribe ya sabe cuánto cuesta.
Lo que llega por WhatsApp o por la web cae solo en tu hoja, con folio y fecha. Se acaba el copiar y pegar, y con él los errores de dedo.
La cotización que va a vencer, el cliente que no contestó, el que pidió que le hablaras el martes. El recordatorio sale solo.
Cuántos entraron, de dónde vinieron, cuántos cerraron y en cuánto. En tu correo el lunes, sin que nadie arme nada.
Cotizaciones, órdenes y fichas generadas desde los mismos datos, con el formato de siempre y sin volver a teclearlos.
No lo que suena moderno: lo que te está costando horas esta semana. De ahí sale el orden.
Tus precios, tus tiempos, tus zonas. Un agente que no tiene tus datos inventa, y eso es peor que no tener nada.
Con conversaciones reales tuyas, de las que ya tuviste. Tú ves qué contesta y corriges con nosotros antes de que le hable a un cliente.
Las primeras semanas aparecen preguntas que nadie anticipó. Ese ajuste es parte del trabajo, no un extra.
Estos sistemas los construimos y los operamos nosotros, todos los días, en negocios de acero y materiales de construcción. Cuando te decimos que un cotizador te ahorra horas es porque ya contamos las nuestras.
Si el trabajo no cumple tus expectativas, te devolvemos tu dinero.
Sin discutirlo y sin pedirte que expliques por qué. Lo decimos porque podemos sostenerlo: lo que invertimos en un proyecto es tiempo, y preferimos perderlo antes que entregarte algo que no te convence.
Si no cumplimos el plazo comprometido, te devolvemos tu dinero.
Tenemos experiencia con trabajos urgentes: por eso comprometemos una página en 24 horas. El reloj arranca cuando llega tu información completa, y eso queda por escrito antes de que pagues, para que la fecha sea de los dos.
Lo que haces igual todos los días. Contestar cuánto cuesta y si hay existencia. Armar una cotización con la misma lista de precios. Pasar los datos de un pedido a una hoja. Recordarle al cliente que su cotización vence. Mandar el reporte del lunes. Ninguna de esas necesita tu criterio: necesitan que alguien las haga rápido y sin equivocarse.
No, y ese es justo el trabajo. Un agente suelto inventa; uno bien armado responde solo con tu información —tus precios, tus tiempos, tus zonas— y cuando algo se sale de ahí, lo pasa contigo diciendo exactamente qué le preguntaron. Se prueba con conversaciones reales antes de encenderlo, y tú ves lo que contesta.
Sí, y es lo normal: WhatsApp, Google Sheets, correo, tu calendario, tu sistema de facturación. La idea no es que cambies de herramientas, es que dejen de necesitar que tú seas el puente entre una y otra.
Se cotiza, porque el rango es demasiado ancho para que una cifra signifique algo. Un agente que contesta seis preguntas de un taller y uno que cotiza con listas de precio por volumen, por zona y por acabado llevan el mismo nombre y son trabajos muy distintos. En el primer mensaje te decimos el tuyo.
Un agente de WhatsApp con las preguntas frecuentes de tu negocio suele estar contestando en una o dos semanas. Un cotizador con reglas de precio se va a más, según cuántas variables muevan tu precio. Lo que siempre hacemos primero es la parte que más tiempo te quita, para que empiece a pagarse antes de estar completo.
Ves todas las conversaciones y lo corriges con nosotros. Las primeras semanas es normal ajustar: aparecen preguntas que nadie había anticipado. Por eso arranca cubriendo lo que ya sabes que te preguntan, no todo el universo posible.
Con eso te decimos qué se puede automatizar, en qué orden y qué cuesta. Si lo tuyo se resuelve con algo más chico que un agente, también te lo decimos.
Construimos cada proyecto, así que la agenda es corta y las fechas se apartan en el orden en que llegan.
¿Es un trabajo urgente?
Cotiza aquí, ahora mismoSe abre WhatsApp con todo lo que acabas de contestar ya escrito.